Más de treinta años de ejercicio y una convicción que no ha cambiado desde 1996: en odontología, la precisión no es un lujo técnico. Es lo que separa un tratamiento que dura de uno que hay que repetir.
Crecí cerca del mundo de la medicina, por tradición familiar. En la odontología encontré algo que no esperaba: una disciplina que además de médica es creativa y artística. Se trabaja sobre la forma, sobre la función y sobre la cara de una persona.
Pero también encontré pronto una frustración. Trabajaba a ciegas sobre detalles que sabía que existían y que no podía ver. Sabía que el límite de una caries no está donde el ojo lo sitúa, que en un molar hay conductos que no aparecen, que el ajuste de una corona se juega en micrones. Y no había forma de comprobarlo.
En 1996 empecé a trabajar con microscopio quirúrgico. La formación no estaba disponible en España, así que la fui a buscar a Italia y a Suiza. Desde entonces no he vuelto a operar sin él.

La clínica está equipada con microscopio quirúrgico, tomografía computerizada 3D e instrumental específico de microcirugía. No es equipamiento de exhibición: es lo que hace posible la forma de trabajar que describimos.
Estamos en Plaza de la Corona 10, en el centro de Granollers, y atendemos a pacientes de todo el Vallès Oriental.